Aquello que no odias, eventualmente tolerarás.


El odio es una palabra fuerte. Llegar a ese punto requiere días, meses o hasta años, pero una vez que estás ahí, es como tener esa comezón que por más que te rasques sigue ahí, como tener ese mosquito molestándote toda la noche sin dejarte dormir. No puedes pensar en otra cosa que no sea en quitar esa molestia, y hay de dos: tolerarlo y permanecer en el mismo lugar de siempre u odiarlo y hacer algo al respecto.


Llegar a odiar algo no es nada agradable, pero usado de la manera correcta, el odio puede ser una de las herramientas más poderosas para el cambio. Porque déjame decirte algo, cambiar cualquier aspecto de tu vida demanda todo de ti. No solo físicamente, pero hacerlo requiere otra mentalidad, otros valores, sacrificio, constancia, disciplina, humildad, y requiere que “odies” el lugar donde estás para poder llegar a un nuevo destino.


“Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo y la sabiduría para distinguir la diferencia.”

Actualmente, existe la tendencia de amarte tal y como eres. No digo que esté mal, no se me alboroten. El problema que tengo es que la gente lo usa como una excusa para ser mediocres. Lo usan como una historia más para permanecer exactamente en el mismo lugar en el que se encuentran.


En lugar de buscar cambiar y mejorar, deciden “amar” esa parte de sí mismos que no les gusta. Deciden “aceptarse tal y cómo son” permaneciendo en el mismo lugar mediocre en el que se encuentran.


“Si, soy obeso, pero me amo tal y como soy. Con papas por favor y te encargo la catsup.”


“Soy un huevon, pero así nací y por lo tanto me amo de esa manera y no haré nada al respecto.”


Si… si debes aceptar algunos rasgos. Es decir, sé que haga lo que haga, nunca voy a tener el cuerpo de Arnold Shwarzenneger, mi genética no da para eso. La mayoría de las mujeres se trauman con modelos en Instagram y les cuesta trabajo aceptar que nunca tendrán ese cuerpo porque su complexión es distinta.


¿Esto significa que lo mejor es no hacer nada al respecto y amarte tal y cómo eres?


¡No! Significa que aceptarás esa parte de ti, pero vas a buscar la mejor versión de ti mismo que puedas alcanzar. Significa que, a pesar de tu genética, tus circunstancias, tu “suerte”, vas a buscar mejorar. Significa que reconoces que has desarrollado hábitos como echar la flojera, pero por ningún motivo puedes aceptar que “así naciste”, por ningún motivo puedes aceptar que “así son las cosas”.


Tengo la idea de que eso no es amor, solo es una excusa para no enfrentar tus miedos, para no hacer nada al respecto. Si realmente te amarás, harías algo al respecto sobre tu estado físico y tu salud. Si realmente te amarás, harías todo lo que está en tus manos por sacar adelante ese proyecto en el cual tanto sueñas. Si realmente te amarás, no te quedarías todo el día quejándote y te pondrías a trabajar para ver que tan lejos eres capaz de llegar.


Si realmente te amarás, harías algo al respecto.

Suficiente con el amor propio. Volvamos al odio y cómo nos puede ayudar a llegar al siguiente nivel.


Tenemos dos grandes motivadores en la vida: el placer y el dolor. Buscamos aquellas experiencias que nos produzcan placer y tratamos de evitar a toda costa aquello que nos traiga dolor. Por está razón, evitamos aquello que odiamos porque solo nos produce dolor.


Pero si nuestras metas exigen tanto de nosotros, ¿por qué desperdiciar uno de los grandes motivadores que tenemos a la mano para realizar algún cambio en nosotros mismos?


Los mayores cambios en mi vida se han dado porque odiaba esa parte de mi. Sé que odiar suena muy fuerte, pero es lo único que me motivo para hacer algo al respecto.


Porque tenemos dos opciones: aceptar y “amar” esa característica o ese hábito que tanto nos molesta de nosotros mismos u odiarlo a tal grado que el único remedio es hacer algo al respecto y trabajar para cambiarlo.


De no odiarlo, comenzarás a tolerarlo. Comenzarás a aceptarlo como si fuera algo normal en ti, como si hubieras nacido de esa forma y lo único que te queda es aprender a vivir con ello.


De no odiar seguir siendo “el gordito del grupo”, nunca comenzarás a hacer ejercicio y comer adecuadamente.


De no odiar la forma en que dejas las cosas para después, comenzarás a verlo como algo normal procrastinando cada vez más.


De no odiar la forma en que echas la flojera y desperdicias horas y horas viendo Netflix, comenzarás a tolerarlo y desaprovecharás cada vez más tiempo.


De no odiar la vida de la cual tanto te quejas, no harás nada al respecto por cambiarla. Despertarás años después sin entender como llegaste a ese punto. Sin entender, por qué tu vida es así.


Ámate tanto para cambiar aquello que tanto odias de ti.

Me parece que no es lo ideal llegar a ese punto, pero todos tenemos ese aspecto en nuestras vidas que no nos gusta del todo. Que después de años y años que decimos qué vamos a hacer para remediarlo, no hacemos absolutamente nada. De alguna manera, comenzamos a tolerarlo y aceptarlo cómo si no tuviéramos el poder para cambiarlo, cómo si no tuviéramos lo necesario para hacer algo al respecto.


Después de grandes cambios, me he dado cuenta de que tenemos absolutamente todo lo necesario para hacerlo. No… no es fácil, pero sé sin duda alguna que puedes más de los has venido haciendo. Sé sin duda alguna que eres capaz de realizar cualquier cambio en tu vida.


Y si es necesario odiar tu vida actual para lograrlo, ¡adelante, hazlo! De otra manera, lo tolerarás permaneciendo exactamente en el mismo lugar del que tanto te quejas, en el mismo lugar que tanto odias.


Ámate tanto para cambiar aquello que tanto odias de ti.

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