(1/2)la única forma de seguir mejorando.

Actualizado: 11 de abr de 2019


Todos comenzamos en algún lado y por razones distintas. Todavía me acuerdo perfectamente el día que pise mi primer gimnasio. Llegue a Estados Unidos cuando tenía 15 años, y gracias a dios tenía buena técnica jugando futbol, porque físicamente no había uno que no me ganara. Nunca había visto esos cuadritos en alguien de 16 años.


Al verte superado por todos, no hay nada más motivante, o al menos en mi caso, que ganarles a los demás. Cuando te das cuenta de que tu físico es lo único que te impide destacarte, haces lo que sea con tal de estar a su nivel e inclusive pasarlos. Es como jugar contra el vago de tu primo en el FIFA. Después de la goleada que te metió la última vez, lo más motivante para seguir practicando es aplicar el 3-0 zapatero el siguiente enfrentamiento.


Nunca había visto esos cuadritos en alguien de 16 años.

Día 1… Llegas al gimnasio, y no tienes la más mínima idea de lo que estás haciendo. Ejercicios que no sabes cómo se realizan, mancuernas enormes a lado de las de 10 libras que tú agarraste, y cuates enormes que no entiendes cómo pueden estar así a los 17 años, es la norma el primer día que llegas a entrenar.


Créeme cuando te digo que tu estatus en relación con los demás, se encuentra por los suelos ese día, o al menos, de esa manera lo percibes. Lo cual no es malo, porque al comienzo y por mucho tiempo, ganarles se vuelve un gran motivador para seguir yendo al gimnasio y seguir comiendo de manera adecuada.


El problema viene después.


Años y años entrenando, mucho sudor derramado y kilos y kilos de proteína después, logre el objetivo. Subí bastante músculo, incrementé mi fuerza y alcancé un excelente nivel físico. En ese momento, tu ego se encuentra por las nubes. Finalmente, lograste superarlos.


Que hermoso fue… hasta que llegue a Italia.


Después de semanas de entrenar en el dormitorio y sentirme como el más atlético, llegue a otro gimnasio porque según yo el del dormitorio me quedaba chico. Los 3 entrenadores más pesados que he visto en mi vida: cada cuadrito que tenían eran como 2 míos, cada pierna era como mi torso entero, y calentaban con mis pesos record.


Motivación… fue lindo conocerte.


Después de dejar de entrenar como 2 semanas por esto, descubrí que solo hay una forma de mantenerte motivado para seguir entrenando de manera constante y seguir mejorando.


Uno de los grandes motivadores del comportamiento de los seres humanos es el sentirnos importantes. Es decir, percibir nuestro propio estatus mayor que el de los demás o al menos igual en cualquier área. Solo acuérdate de la última vez que ganaste en un juego de mesa, un partido en el FIFA o la discusión más inútil con tu novio o novia.


De acuerdo con David Rock, autor del libro, Your Brain at Work, un incremento de estatus es aún más gratificante que ganar dinero, y perderlo, activa los mismos centros del cerebro que cuando tu vida está en peligro.[1] En otras palabras, hacemos lo que sea con tal de incrementarlo o de no perderlo.


El hecho de que sientas que alguien es superior, o que tu lo eres, cambia tu comportamiento de manera importante. Sólo acuérdate cuando hablaste con tu jefe por primera vez, esa vez que le hablaste a la mujer más guapa o al hombre más galán del bar o como tratamos a cada persona de acuerdo con lo que hace (algo triste, pero todos lo hacemos de manera involuntaria).


A menos que seas The Mountain de Game of Thrones, siempre va a haber alguien más fuerte que tú.

De manera inconsciente, colocamos a cada persona bajo una escala para medir el valor que tienen sobre nosotros, y lo hacemos en todas las áreas de nuestras vidas. Nos comparamos constantemente con la gente que tenemos a nuestro alrededor. Lo único que cambia es la escala bajo lo cual lo hacemos.


Por ejemplo, cuando estás en la escuela te sientes superior por ser más inteligente o popular que alguien más. Como mujer, te sientes superior que otras cuando estás más guapa o mejor vestida. O usamos el dinero para medir nuestro estatus sobre las demás personas.


Este fenómeno ocurre también en el gimnasio. Siempre queremos ser más fuertes, aguantar más o vernos mejor que la persona de a lado. No es raro ver en el área de pesas a los hombres checando cuanto peso le mete el de a lado.


Para comenzar, puede llegar a ser un gran motivador, pero hay un problema con esto. A menos que seas The Mountain de Game of Thrones, Usain Bolt corriendo o Mo Farah, siempre va a haber alguien más fuerte, más rápido, más ágil o con mejor cuerpo que tú.


Aunque te destaques de manera importante en algo, siempre habrá otra área en la cual te van a ganar.


Si tu ego y autoestima está amarrado a esto, no vas a encontrar motivación alguna para seguir entrenando, no vas a tener un “por qué” que te mantenga moviéndote hacia adelante.


La única solución es cambiar el enfoque, cambiar contra quien estás compitiendo.



(2/2)Tu antiguo “yo” te está pisando los talones - 28/10/18



[1] Rock, David. Your Brain at Work. Audible, Scene 12 - The Battle for Status.

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