Una "sana" obsesión


Era un sábado por la tarde, si no mal recuerdo. Hace años no habían organizado una comida familiar, y estaba más emocionado de lo normal.


Había bajado algunos kilos, y quería que vieran el cambio físico que había tenido. El esfuerzo de un par de meses había tenido efecto, y quería que vieran que ya no iba a ser su gordito (los hombres también podemos emocionarnos por eso).


Todo iba bien, una que otra persona se dio cuenta, alguna tía, como lo hacen todas las tías, me felicitó por lo que había logrado, hasta que llego ese wey.


Todos conocemos a alguien obsesionado con el ejercicio. Esa persona que agarra las bolsas del súper y se pone a hacer curls de bíceps, o deja caer plumas para hacer 10-15 lagartijas antes de levantarlas.


En mi caso, fue un señor que a sus 75-80 años se seguía yendo a Acapulco en bicicleta, y solo porque no lo dejaban, se iba de regreso en cuanto llegara.


Es como ese maestro que admiras y a la vez odias por lo duros que son. Después de una breve interacción, llego el momento de la obsesión.


"Llego el momento de la obsesión"

Nos vimos a los ojos, camine en su dirección a paso firme esbozando una leve sonrisa provocada por las interacciones previas, todo el día había salido como esperaba.


Al saludarlo emocionado, me dijo “te ves bien eh”, seguido por un “pero todavía te falta”, al mismo tiempo del peor agarrón de lonja que he sufrido en mi vida.


Pocas veces alguien ha visto la expresión que puse, fue una combinación entre vergüenza y sueños rotos. Fue uno de esos momentos en la vida donde prefieres aventarte en frente del metro, o nadar hasta que tus brazos no den más, a quedarte en esa situación incómoda donde un mal momento eclipso todo lo bueno que había ocurrido.


Y son estos momentos, los que te cambian para bien o para mal. En mi caso, empezó para mal.

Me convertí en algo autodestructivo. Era una combinación entre vigorexia y mujer 30 días antes de una boda. Cualquier excusa era buena para irme al gimnasio, correr o hacer cualquier tipo de actividad física.


Me salía de reuniones o cenas con los amigos porque me tocaba pierna y no había forma alguna de que fallara. Hubo un momento donde hacia Insanity (los videos súper intensos) por las mañanas, pesas como a las 9, regresaba a nadar en la tarde, y jugaba fútbol en las noches.


No les quiero contar como terminaba después. En la dieta era súper estricto, y no me gustaba salir a comer porque sabía que no iba a encontrar lo que me tocaba, y si llegaba a romperla, me daba una cruda moral de 3 días donde limitaba mis calorías significativamente. Como toda adicción, no la dejas hasta que llega ese punto de quiebre.


"hubo un momento donde hacia Insanity por las mañanas, pesas como a las 9, regresaba a nadar en la tarde, y jugaba fútbol en las noches."

Me parece que era lunes, y no me podía mover. No porque estuviera cansado ni nada, simplemente no encontraba razón alguna para ir a entrenar. Lo que antes disfrutaba tanto, se volvió algo vacío y sin sentido alguno.


La comida cada vez me cansaba más y empecé a romper la dieta de formas que no se pueden imaginar (soy un “gordo de closet” como dice una amiga). Y en ese momento me di cuenta, que esto tenía que cambiar, e iba a encontrar la forma de hacerlo.


Como todo cambio, fue complicado al principio. Creamos estos hábitos en nuestro día a día, que modificarlos, es como convertirse en otra persona.


Poco a poco, empecé a limitar mis entrenamientos y a comer bien dándome mis gustos de vez en cuando tratando de no sentir culpa. De repente, me encontraba con la opción de ir con los amigos o hacer ejercicio, y por más difícil que me pareciera, tenía que elegir la primera cada vez.


Fui creando los hábitos encontrando un balance entre el ejercicio, la comida, la escuela o trabajo, la familia y los amigos. Hubo y hay todavía días que fallo. Hasta la fecha, hay momentos que sin darme cuenta estoy inventando alguna excusa para no ir a esa comida y poder darle a la rutina de brazo. O trato de ir a restaurantes, aunque nadie más quiera ir, donde sé que habrá algo que vaya de la mano con lo que estoy comiendo.


Esto es un proceso y lo más importante es ir mejorando cada día modificando nuestros hábitos y cambiando nuestro “por qué”.


"Hubo y hay todavía días que fallo." 

La razón por la cual hacemos las cosas es la clave. Cuando el ejercicio se volvió en algo dañino, es porque tenía la obsesión de cómo me iba a ver. Creía que entre más ejercicio y menos comida, iba a bajar más de peso y mejor me iba a ver.


Al no tener resultados, me frustraba cada vez más repitiendo el ciclo y empeorando la situación. Me tardé, pero finalmente entendí que esto es un proceso que dura toda la vida por lo que nunca debemos sentirnos mal si un día rompemos la dieta o entrenamos mal. No todos los días se puede comer bien o entrenar como quisiéramos, no hay razón para castigarnos por eso. Al fallar aprendemos, y debemos comprender que siempre se puede mejorar.


Esto último se convirtió en mi “por qué”. No se trata de cómo me veo. Si, si este padre verse bien, pero no es la razón por la cual entreno. Solo busco ser mejor cada día, aguantar más corriendo, saltar mejor la cuerda, ser más flexible, ser mejor atleta.


El problema de enfocarte sólo en cómo te ves, es que cuando lo consigues, te das cuenta de que no es lo que esperabas y dejas de tener razones para entrenar.


Nuestro físico tiene límites de que tan marcado o que tanto músculo podemos subir, por lo que ese camino tiene un fin, y no es nada bonito. Pero el mejorar, no tiene límites.


Siempre puedes aprender una habilidad nueva y mejorarla.


Siempre puedes cambiar tu entrenamiento y mejorar tus tiempos en cada carrera.


Mejorar es un proceso y es interminable, lo cual, siempre nos da alguna razón para seguir entrenando.


"el mejorar, no tiene límites"

Así que, busquen mejorar, busquen correr más rápido y por más tiempo, busquen pararse de manos o lograr un muscle-up, busquen saltar más, cargar más, aguantar más….


Busquen convertirse en mejores atletas, es un proceso que nunca termina, te mantiene motivado, y acaba con la obsesión.



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